Wednesday, August 02, 2006

Impulsos autocompasivos (III)

He ahí, encontrela por fin
la noche de tu calavera hermosa,
que juega con un pescuezo de pollo
entre la una y las tres de la mañana
que hoy se me ha antojado fría
como tu recuerdo.
No es más que el conjunto
de muchas nostalgias,
de millones de nostalgias
que han hecho cola desde temprano,
que tiritan de frío
porque es de madrugada.
Llegaron desde tan lejos
desde tan prohibido y tan odiado:
tus manos, tus ojos,
aquellos pechos blancos
y el recuerdo magullado de una espalda
lisa con un lunar tan doloroso ahora.
Te contemplo, reducida y temblando,
frente al insobornable espejo
tu figura, resto de tantas otras
que robé sin que lo supieras,
a la noche se las robé,
a tu calavera feliz y negra.

Impulsos autocompasivos (II)

tus palabras resonaron en la bóveda celeste
se precipitaron a tierra y salpicaban
como cuchillos líquidos en mis ojos
que de los tuyos conocieron
el color de la espina
y la textura de los gritos
rebotaba en mis entrañas tu sonrisa
que se hizo maligna como las gotas
de la cicuta

quizás y sólo es un quizás
todo el dolor que me inyectaste
algún día se convierta en agua
que sudaré por los poros
sonriendo al sol que asomará
curioso mientras tú
tan solemne
caminas por entre las acacias
mientras yo pasee por roma
inmortal como tu nombre inmortal

Saturday, July 29, 2006

Impulsos autocompasivos (I)

Te hubiese preferido azul
como el mar que moja tus pies
o como el cielo que es
tu morada, infinito hogar.

Te zambulles en el éter,
salpicas estrellas de la bañera
juegas revoloteando entre las aguas
ya medio grises, medio cansadas

en las que va flotando tu pecho
santo terreno de leche fresca
de liturgia, de redención
que redimes, que sanas, que justificas.

Sin embargo, no eres azul
ni verde ni roja ni gris
eres éter, éter difuso que
gana vidas, que gana muertes

que resucita otra vez
sin que se le llame por su nombre;
entras pesada y te vuelves púrpura
sangre caliente de verde prado

ahí donde mueren flores amarillas
y se marchita el blanco de las nubes
que caen filosas y heladas.
En estos momentos,te hubiese preferido azul

como el mar que no cesa
como el viento inclemente que desgarra
el azul de la tinta y lo diluye
sin más explicación que el paso del tiempo.