Wednesday, August 02, 2006

Impulsos autocompasivos (III)

He ahí, encontrela por fin
la noche de tu calavera hermosa,
que juega con un pescuezo de pollo
entre la una y las tres de la mañana
que hoy se me ha antojado fría
como tu recuerdo.
No es más que el conjunto
de muchas nostalgias,
de millones de nostalgias
que han hecho cola desde temprano,
que tiritan de frío
porque es de madrugada.
Llegaron desde tan lejos
desde tan prohibido y tan odiado:
tus manos, tus ojos,
aquellos pechos blancos
y el recuerdo magullado de una espalda
lisa con un lunar tan doloroso ahora.
Te contemplo, reducida y temblando,
frente al insobornable espejo
tu figura, resto de tantas otras
que robé sin que lo supieras,
a la noche se las robé,
a tu calavera feliz y negra.

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